Polonia enfrenta la estrategia de Rusia de ataque híbrido mediante incursiones militares con drones kamikaze. El 9 de septiembre de 2025, al menos 19 drones rusos, del tipo Shahed, ingresaron en territorio polaco desde Rusia y Bielorrusia, activando la defensa aérea polaca y aviones de alerta rápida de la OTAN que lograron derribar la mayoría de estos aparatos.
La operación causó el cierre temporal de varios aeropuertos polacos y obligó a consultas inmediatas con la OTAN, con el objetivo de evaluar la amenaza y coordinar la respuesta colectiva.
La estrategia rusa no busca un gran ataque directo, sino acciones calculadas «rodaja a rodaja» para medir la reacción política y militar de Occidente, especialmente de la alianza entre Estados Unidos y Europa. Moscú utiliza estos ataques simbólicos y baratos para presionar y sembrar incertidumbre, buscando dividir el apoyo transatlántico a Ucrania y demostrar que Washington no garantizará por completo la defensa europea.

Esta táctica también sirve para probar la resistencia y tiempos de respuesta de Polonia y sus aliados en la OTAN.
En respuesta, Polonia ha advertido que derribará cualquier aeronave rusa que viole su espacio aéreo, siempre evaluando la gravedad para evitar una escalada abierta del conflicto.
La OTAN ha reforzado su presencia con aviones de combate estacionados en Polonia para protección inmediata. Además, el gobierno polaco cerró su frontera con Bielorrusia durante ejercicios militares conjuntos de Rusia y Bielorrusia, aunque posteriormente la reabrió con precaución.
Mientras tanto, la presión social vuelve a motivar preparativos de defensa civil en Polonia. En suma, la estrategia rusa para atacar Polonia en 2025 consiste en ataques híbridos con drones kamikaze que buscan tensar la alianza occidental y medir su capacidad de respuesta sin desatar un conflicto abierto, en un contexto de alta tensión en Europa del Este donde Rusia presiona a sus vecinos y a la OTAN con maniobras calculadas y provocativas.







