La guerra en Ucrania entró en una nueva fase de violencia esta semana, marcada por la ofensiva rusa sobre el este y sur del país, mientras la comunidad internacional busca redoblar esfuerzos diplomáticos para contener la escalada del conflicto.
Según el Ministerio de Defensa ucraniano, en las últimas 48 horas se han registrado al menos 70 bombardeos en las regiones de Donetsk y Zaporiyia, alcanzando infraestructura energética y zonas residenciales. El presidente Volodímir Zelenski denunció que estos ataques buscan “quebrar la resistencia de la población civil mediante el frío y la oscuridad”, en referencia a los cortes de electricidad que afectan a millones de personas.
Por su parte, Moscú asegura que sus operaciones están dirigidas contra objetivos “estratégicos y militares”, y niega atacar a civiles. Sin embargo, Naciones Unidas confirmó que al menos 30 personas murieron esta semana por los recientes bombardeos, entre ellas ocho menores de edad.
En paralelo, el secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a reactivar de forma urgente el acuerdo de exportación de granos desde el Mar Negro, suspendido desde el mes pasado tras acusaciones cruzadas entre Kiev y Moscú. La interrupción del pacto amenaza con agravar la crisis alimentaria en África y Medio Oriente.
La Unión Europea anunció un nuevo paquete de ayuda militar para Ucrania, equivalente a 5.000 millones de euros, al tiempo que Estados Unidos evalúa reforzar el suministro de sistemas de defensa antiaérea.
Rusia, en respuesta, advirtió que cualquier incremento de apoyo occidental “prolongará la guerra y aumentará los riesgos de confrontación directa”.
En el terreno diplomático, Turquía y China mantienen conversaciones con ambos bandos en busca de reabrir canales de negociación, aunque hasta ahora no hay avances concretos.
Mientras tanto, la población ucraniana continúa enfrentando la crudeza del conflicto después de más de tres años de invasión, con más de 6 millones de refugiados en el extranjero, según datos de ACNUR.







