El monito del monte, ese pequeño marsupial único en el mundo y patrimonio natural de Chile, lleva miles de años sobreviviendo gracias a la hibernación.
Dormir todo el invierno, ahorrar energía y despertar justo a tiempo para la primavera: un plan perfecto, hasta que nosotros decidimos alterar el clima, talar sus bosques y trastocar su calendario biológico.

Hoy, el invierno sureño trae olas de calor, lluvias fuera de temporada y sequías. El monito se despierta antes de tiempo, busca comida y se encuentra con un menú vacío.
Los científicos hablan de “desacople entre la hibernación y la disponibilidad de alimento”, pero lo que en realidad quieren decir es que estamos empujando a una especie endémica hacia el hambre y la extinción.
Y no es solo el monito: la yaca y otros hibernadores también dependen de un invierno frío y estable para sobrevivir.
Pero su futuro no parece ser prioridad en un país que aún permite la fragmentación de hábitats, la expansión de monocultivos y proyectos que arrasan bosque nativo sin una evaluación ambiental seria.
Chile tiene leyes que podrían ayudar: la Ley de Bosque Nativo, la Estrategia Nacional de Biodiversidad y compromisos en tratados internacionales como el Convenio de Diversidad Biológica.
También podría fortalecer el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental para que realmente proteja especies vulnerables y financiar planes de conservación específicos para el monito del monte.
Pero mientras estos marcos legales se quedan en el papel y no en la práctica, el clima sigue cambiando y los hábitats se siguen perdiendo.
El monito del monte no vota, no corta rutas y no hace lobby. Por eso su drama pasa inadvertido, mientras el país sigue celebrando proyectos “de desarrollo” que hipotecan el futuro de su propia biodiversidad.
Y cuando esta especie desaparezca, no podremos culpar solo “al clima”: la responsabilidad será compartida por cada gobierno, empresa y ciudadano que decidió mirar para el lado.

En resumen: o Chile empieza a aplicar de verdad las leyes que ya tiene y crea políticas efectivas de conservación, o el monito del monte terminará existiendo solo en documentales y billetes conmemorativos.







