Maduro Resiste la presión militar de EE. UU. en el Caribe apoyado por Rusia; la crisis escala a un «Conflicto Armado No Internacional»

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Caracas, Venezuela – (Diciembre 2025) – La tensa «crisis estadounidense-venezolana» de 2025, que se intensificó a finales de agosto, ha entrado en una fase de máxima confrontación después de que el presidente Nicolás Maduro rechazara cualquier negociación que implicara su salida inmediata y continuara desafiando la «máxima presión» ejercida por la administración de Donald Trump.

Mientras Trump ha elevado la presión al desplegar una imponente fuerza naval y declarar un «conflicto armado no internacional», Maduro ha afianzado su posición gracias a un respaldo militar y de inteligencia crucial proporcionado por Rusia.

La lucha, iniciada oficialmente por Estados Unidos con el objetivo declarado de combatir el narcotráfico en el sur del Caribe [8], es vista por expertos como un posible pretexto para forzar la salida del liderazgo chavista.

Escalada Militar y Designación Terrorista

El clímax de la presión estadounidense se alcanzó con la designación del «Cártel de los Soles» —una presunta organización criminal venezolana vinculada al gobierno— como una Organización Terrorista Extranjera (FTO).

Esta designación, efectiva a partir del 24 de noviembre de 2025, permite potencialmente a las fuerzas militares de EE. UU. atacar activos e infraestructura del régimen de Maduro dentro de Venezuela. El propio Maduro niega ser cómplice de bandas criminales que trafican drogas hacia Estados Unidos.

La crisis militar, que comenzó el 19 de agosto de 2025 y sigue «en curso», ha visto un aumento masivo de la presencia naval estadounidense, descrita como la mayor en la región desde 1965.

El despliegue incluye hasta nueve buques, como los destructores USS Gravely y USS Jason Dunham, el crucero USS Lake Erie, y el portaaviones USS Gerald Ford, el mayor de la flota estadounidense.

Desde el 2 de septiembre, EE. UU. ha reconocido públicamente haber realizado múltiples ataques aéreos («kinetic strikes») contra embarcaciones que supuestamente transportaban drogas desde Venezuela, alegando que eran operadas por el Tren de Aragua, resultando en al menos 83 muertos en el conflicto hasta la fecha. Naciones Unidas ha instado a EE. UU. a detener los ataques, criticando lo ocurrido como posibles ejecuciones extrajudiciales.

El 1 de octubre, Trump formalmente notificó al Congreso que Estados Unidos se encontraba en un «conflicto armado no internacional» con «combatientes ilegales» (cárteles de la droga).

Esto legalmente permite al país «matar legalmente a combatientes enemigos incluso cuando no representan una amenaza» . El 29 de noviembre, el presidente Trump declaró que el espacio aéreo «sobre» Venezuela y «sus alrededores» había quedado completamente «cerrado».

El Vital Respaldo de Rusia

La principal salvaguarda de Maduro ante la escalada ha sido la renovada y tangible ayuda de Rusia. A principios de noviembre, Moscú aumentó su apoyo militar con la llegada de aviones rusos cargados con pertrechos y quizás personal militar.

El presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó la ratificación del Tratado de Asociación Estratégica firmado en mayo con el chavismo, lo cual permite ampliar la cooperación militar y acelerar los envíos de armas por diez años. Esta decisión es vista como un respaldo político clave para Venezuela.

Un elemento fundamental de este apoyo es la provisión de inteligencia: Rusia puso a disposición de Caracas su sistema satelital GLONASS. Este sistema, junto con otros satélites, puede brindar información en tiempo real sobre la flota de EE. UU., detectar lanzamientos de misiles y guiar misiles con mayor precisión.

Además, Rusia reforzó su personal en Venezuela para activar la instalación de rastreo electrónico en Paramacay, buscando vigilar la base de EE. UU. en Roosevelt Roads, Puerto Rico.

Este apoyo busca deliberadamente aumentar el coste político de cualquier acción militar estadounidense, creando un riesgo de un «Vietnam caribeño» para la administración Trump, especialmente ante las elecciones de medio término en EE. UU..

Dilemas Internos y Resistencia Chavista

Maduro ha respondido a la amenaza movilizando a más de cuatro millones de milicianos, según sus anuncios [33-35], y ha declarado que se «preparaba para repeler cualquier invasión».

A nivel diplomático, los esfuerzos de negociación intermediados por Catar (que proponían una transición sin Maduro) fueron rechazados por Washington. El enviado especial de Trump, Richard Grenell, suspendió todas las conversaciones diplomáticas con Venezuela el 6 de octubre .

Aunque la oposición, liderada por María Corina Machado, ha sido animada por el despliegue de EE. UU., el liderazgo de Maduro se mantiene firme, apoyado por altos militares como el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López.

Expertos señalan que los militares, aunque puedan sentir descontento, tienen grandes incentivos para permanecer leales debido a su control sobre sectores de la economía y el temor a perder privilegios o enfrentar la cárcel bajo un gobierno de la oposición.

La Economía en el Foco de la Tensión

A pesar de la crisis y las sanciones, la economía venezolana registró un crecimiento del 7,7 % en el primer semestre de 2025, impulsado por un aumento del 12,3 % en la actividad petrolera.

Sin embargo, la inestabilidad persiste: la inflación se disparó, alcanzando un 123,0 % acumulado en el primer semestre, con proyecciones de cerrar 2025 en torno al 275 %. La dependencia petrolera se acentúa, y China se ha consolidado como el destino dominante del crudo venezolano, absorbiendo el 77% de los volúmenes exportados en el segundo trimestre de 2025.

La crisis también ha impactado los ingresos fiscales reales, que se contrajeron un 13.6% en el primer semestre .La prolongación de este pulso geopolítico pone a prueba la estrategia de Trump.

La alianza de Maduro con Rusia y China (que también advirtió que considera inadmisible la «interferencia externa») ha cambiado los términos de la ecuación, haciendo que el camino para forzar un cambio de régimen sea mucho más costoso e incierto.