La Democracia Cristiana (DC) de Chile, otrora pilar de la política nacional, se encuentra en un punto de inflexión existencial.
La reciente decisión de su Junta Nacional de respaldar la candidatura presidencial de Jeanette Jara, figura prominente del Partido Comunista (PC), ha desatado una profunda crisis interna, evidenciando las grietas de un partido que, por décadas, dominó el escenario electoral chileno.
De la «Revolución en Libertad» al declive sostenido
Fundado en 1957, el Partido Demócrata Cristiano se erigió como una fuerza socialcristiana de centro, liderando periodos de transformación bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva (1964-1970).
Tras el golpe militar de 1973, la DC fue una voz crucial en la oposición, y en el retorno a la democracia, se convirtió en el eje de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición que gobernó Chile por veinte años con presidentes como Patricio Aylwin Azócar y Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
Sin embargo, el siglo XXI trajo consigo un declive implacable. Desde 2001, el apoyo electoral de la DC ha caído drásticamente, pasando de un 26% en 1989 a un escaso 4.2% en las elecciones parlamentarias de 2021. Las presidenciales de 2017 (5.9%) y 2021 (11.6%) solo confirmaron esta tendencia.

Este retroceso se atribuye a una «compresión» desde la izquierda y la derecha, que ha erosionado su espacio ideológico, sumado a crónicas divisiones internas que han pasado de ser cooperativas a disruptivas.
Jeanette Jara: reconfigurando el tablero
La figura de Jeanette Jara, abogada y ex Ministra del Trabajo y Previsión Social, emerge como un factor clave en esta coyuntura.
Con una notable aprobación pública y un historial de reformas significativas, Jara ganó la primaria presidencial de la coalición oficialista Unidad por Chile en junio de 2025, consolidándose como la candidata oficial del PC para las elecciones de noviembre.
Su campaña, percibida incluso con el respaldo indirecto de la expresidenta Michelle Bachelet, ha demostrado la capacidad de su figura para trascender las líneas partidistas tradicionales.
La Junta Nacional: Un debate polarizado y una decisión histórica
El sábado 26 de julio de 2025, la Junta Nacional del PDC se enfrentó a un dilema trascendental. El entonces presidente del partido, Alberto Undurraga, planteaba tres opciones: apoyar a Jara, presentar un candidato propio o conceder libertad de acción.
Undurraga, junto a figuras históricas como Carmen Frei, Ricardo Hormazábal y Carolina Goic, se opuso vehementemente al respaldo a Jara.
Sus argumentos se fundamentaron en razones doctrinales, programáticas, políticas y electorales, advirtiendo que el apoyo a una candidata comunista alienaría la base tradicional de centro-progresista del partido, trazando un paralelismo con el fallido apoyo institucional al «Apruebo» en el plebiscito de 2022.
«Abandonar el electorado es lo peor que puede hacer un partido», sentenció Undurraga.
Por otro lado, facciones pro-Jara, lideradas por el diputado Eric Aedo y los senadores Francisco Huenchumilla y Yasna Provoste, defendieron el apoyo como una imperativa pragmática de supervivencia política.
Un pacto parlamentario con el oficialismo, que implicaba respaldar a Jara, se consideraba esencial para asegurar la continuidad del partido y sus parlamentarios ante el umbral electoral del 5%.
Huenchumilla, el nuevo presidente del partido, llegó a argumentar que «el anticomunismo no es un tema», buscando redefinir el «centro» en un panorama político polarizado.

Finalmente, en una decisión histórica, la Junta Nacional votó a favor de respaldar la candidatura presidencial de Jeanette Jara con el 63% de los votos. Simultáneamente, se aprobó la estrategia de formar una lista parlamentaria única con el resto del oficialismo.
Esta doble decisión fue celebrada por el bloque Socialismo Democrático, que la interpretó como un paso hacia la consolidación de Jara como la «candidata única de la izquierda y centroizquierda chilena».
La crisis desencadenada: Renuncias y un futuro incierto
La «histórica decisión» no tardó en generar un terremoto interno. La consecuencia más inmediata fue la renuncia de Alberto Undurraga a la presidencia del partido, quien reiteró su preocupación por el «error» doctrinal y electoral de la medida.
Su dimisión se sumó a la de aproximadamente 1,300 militantes, incluyendo figuras de peso como dos de cuatro gobernadores, tres de ocho diputados, dos de cinco senadores y cuatro expresidentes.
Esta fuga de liderazgo y miembros experimentados representa una pérdida considerable de conocimiento institucional y capital político.
La división interna también se manifestó a nivel regional, con la Región Metropolitana abogando por un candidato propio, mientras que la DC de Tarapacá ya había manifestado su apoyo a Jara.
Incluso se retomaron contactos con el expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle para sondearlo como posible candidato unificador, aunque él mismo había descartado previamente su disponibilidad.
La crisis actual expone la lucha fundamental de la DC por redefinir su identidad. ¿Puede un partido socialcristiano y centrista alinearse eficazmente con uno comunista sin perder su carácter ideológico distintivo?
Las divergencias programáticas en temas como la seguridad, donde PC y Frente Amplio votaron en contra de los estados de excepción en la Macrozona Sur a diferencia de la DC, subrayan las tensiones.
La decisión de apoyar a Jara, impulsada por la necesidad de asegurar la supervivencia parlamentaria, conlleva el riesgo inherente de alienar aún más a su electorado tradicional de centro-progresista.

La experiencia del plebiscito de 2022, donde la cúpula del partido no fue seguida por su base, es un precedente doloroso.
En última instancia, la Democracia Cristiana se encuentra en una encrucijada existencial. Su capacidad para redefinir su identidad en un espectro político cada vez más polarizado, sin sacrificar su base doctrinal ni su relevancia electoral, determinará su viabilidad a largo plazo.
La crisis actual es un testamento de la dificultad de esta tarea y un recordatorio de que la supervivencia política a menudo exige compromisos que pueden tener un alto costo en términos de cohesión y principios partidistas.
El futuro de la DC, un actor central en la historia de Chile, pende de un hilo.







