«Struggle is a never-ending process. Freedom is never really won, you earn it and win it in every generation». –Coretta Scott King, Activista por los Derechos Civiles
Payam Akhavan, jurista iraní-canadiense, profesor de Derecho Internacional y Cátedra Massey de Derechos Humanos de la Universidad de Toronto, al tiempo que miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de la Haya, en una reciente entrevista dijo lo siguiente: “Este no es tiempo para débiles.”
Si bien al escuchar esta frase una puede sorprenderse, y hasta molestarse, es fundamental comprender el contexto en el cual fue dicha, y cuál el alcance de la misma.
Comencemos por el contexto. Estamos ya llegando a finales del primer trimestre del año 2025, por completar el primer cuarto de este loco siglo XXI, y mucho de aquello que creíamos superado en el siglo XX, vuelve con inusitada fuerza.
Verdaderos tsunamis ideológicos de ultra derecha, otros populistas o de pseudo ultra izquierda, pero todos anti-derechos, nos abruman a todos quienes vivimos en función de ciertas bases que parecían intocables: los derechos humanos, es decir, los derechos de todas y todos.
Es bueno recordar las razones que llevaron a las naciones del mundo a impulsar la construcción colectiva de un sistema universal basado en los principios del derecho internacional público, es decir el Sistema de Naciones Unidas.
Fueron los horrores (persecución, torturas, masacres, genocidios) de las dos conflagraciones mundiales, particularmente de la Segunda Guerra Mundial, los que llevaron a que se trabaje en la redacción colaborativa, y la posterior aprobación de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos.”
Asimismo, la ONU y sus distintas agencias, todos los días están puestas a prueba, debido al irrespeto sistemático de los principios del derecho internacional, por parte de demasiados regímenes autoritarios.
Muchos – inclusive – hablan de que estamos en medio de una Tercera Guerra Mundial “no declarada”, pero que sí la vivimos en el día a día, siendo los conflictos armados y los genocidios en la República Democrática del Congo, Sudán, Ucrania, Gaza y Cisjordania, los más dramáticos en estos últimos años.
Tristemente, al interior de muchas naciones vemos también un creciente sentimiento de frustración y altos niveles de preocupación por parte de muchos ciudadanos, ante el arrollador avance de partidos y movimientos políticos que ganan espacios impulsando prácticas anti-derechos, buscando desmontar leyes e instituciones que garantizan el ejercicio y la protección de los derechos humanos y los derechos civiles, tales como el derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad de expresión, a la identidad cultural, a la libertad de culto, a la libre circulación, y a la libertad de organización, por citar algunos ejemplos.
Particularmente complejo resulta ser mujer en un contexto como el actual. Han pasado más de 60 años desde que los movimientos de mujeres y feministas, especialmente en los países del norte global, lograron cambios legislativos que nos otorgaron a las mujeres una serie de derechos, antes exclusivos de nuestros pares varones.
Y, sin embargo, vemos como en varios países, lo ya logrado se va esfumando rápidamente, y hay un creciente resentimiento frente a los feminismos y los derechos de – nosotras – las mujeres.
Este año se cumplen 30 años de la importantísima Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, que tuvo lugar en Beijing el año 1995. En dicha Conferencia se sentó un hito importantísimo en la lucha por los derechos de las mujeres a nivel global; ya que 189 gobiernos adoptaron la “Declaración y Plataforma de Acción de Beijing”, mediante la cual se comprometieron a abordar 12 ámbitos fundamentales para la promoción de la igualdad de género, los derechos de las mujeres, y su empoderamiento.
La gran pregunta que muchas mujeres nos hacemos es: ¿Cuánto hemos logrado avanzar en estos 30 años? Y, la siguiente pregunta es, ¿Qué tenemos que hacer, como sociedades, para avanzar de manera más amplia y sostenida, y lograr – así – cerrar las brechas que nos separan de un ejercicio pleno de nuestros derechos?
Volvamos a la frase del profesor Akhavan: “Este no es tiempo para débiles.” ¿Cuál puede ser el alcance de estas provocadoras palabras?
El mismo lo aclara, “este es un tiempo para personas que tengan una profunda visión moral y espiritual del futuro de la humanidad.”
Y, añade “La historia está del lado de aquellas personas que comprenden que toda la humanidad debe estar unida.”
No me pude quedar tranquila con lo dicho por este humanista, así es que encontré la manera de escribirle un mensaje vía e-mail, y le hice saber que sus palabras me habían impactado.
Cual mi sorpresa al recibir casi de inmediato una respuesta suya, en la que amablemente me dijo que efectivamente vivimos tiempos en los que es necesario ser “fuertes”, en un esfuerzo de redefinición de lo significa el concepto de “fortaleza”, con un sentido de empatía y justicia.
Volviendo los ojos a lo local y cuotidiano, pienso y siento que es deber de cada uno de nosotros el ser “fuertes”, pues la lucha por nuestros derechos es un esfuerzo de nunca acabar, tal como lo dice Coretta Scott King, prominente activista por los derechos civiles en USA, y viuda de Martin Luther King, Jr.
Al inicio de este artículo incluí una cita de Coretta, y quisiera traducir la segunda parte de la misma: “La libertad (y yo añadiría todos los derechos) no ha sido alcanzada definitivamente, se la tiene que luchar y ganar en cada generación.”
Tenemos que ser fuertes. Tenemos que unirnos mujeres y hombres, viejos y jóvenes, seres de distintos caminares y miradas, y – desde esas bellas diferencias – ser capaces de juntarnos, mirarnos a los ojos, abrazarnos, y encontrar aquellos puntos o temas comunes sobre los cuales estamos dispuestos a luchar de manera conjunta para no dejar que las fuerzas oscuras nos arrebaten lo que nuestros ancestros obtuvieron a sangre y fuego.
En ese juntarnos, la empatía de la que habla Akhavan es fundamental, pues no siempre estaremos de acuerdo en todo, es obvio que tendremos distintas miradas, algunas inclusive contrapuestas.
Lo clave aquí es ser capaces de mirarnos a los ojos, abrazar ideas diversas, construir acuerdos mínimos, sumarnos a procesos valiosos, y cuidarnos unas y otros.
Cuando sea necesario, tendremos que salir a las calles, a expresar nuestro malestar, y demostrar que no estamos de acuerdo con un status quo que nos aplasta, nos ahoga, nos enferma, nos divide, y nos mata. También utilizaremos las herramientas jurídicas que tengamos a la mano.
No podemos, y no debemos claudicar en nuestros derechos, y en los derechos de todos. Porque, como decimos las feministas: “Si se meten con una, se meten con todas.”







