Por Patricia González | TEDx Speaker – Coach Ejecutiva – Hipnoterapeuta Clínica Ericksoniana – Creadora de la Metodología ICQ Coaching®
Hace algunos días, un gerente me compartió una verdad que pocos en su posición se atreven a reconocer. Estábamos hablando de liderazgo y, con un gesto de honestidad poco común, me dijo:
“Yo antes creía que ser líder era tener todas las respuestas y no mostrar debilidades. Hoy sé que eso solo crea distancia.”
Me explicó que, años atrás, trabajó con un jefe que jamás aceptaba un error. Nunca decía “no sé”. Nunca pedía ayuda. Su perfección era intimidante.
“Era tan perfecto que daba miedo. Nadie se atrevía a proponer algo diferente. Solo hacíamos lo que él quería.”

Ese equipo, en poco tiempo, perdió su chispa. La creatividad murió en el silencio de reuniones tensas. Las tareas se cumplían por obligación, no por compromiso. El ambiente estaba cargado de obediencia, pero vacío de confianza.
Le pregunté qué aprendió de esa experiencia, y su respuesta fue breve, pero contundente:
“Aprendí que un líder sin vulnerabilidad es un líder solo.”
Hoy, lidera de manera distinta. No tiene problema en decir “no estoy seguro, ¿ustedes qué opinan?” o “esto me preocupa, busquemos juntos una solución”.
¿El resultado? Su equipo no solo cumple objetivos. También confía en él. Lo respetan, no por ser invulnerable, sino por ser real.
Porque la confianza no nace de la perfección. Nace de la humanidad compartida.Recuerdo otro gerente con quien trabajé en coaching ejecutivo. Llegó a su primera sesión con la coraza de quien siempre debe saberlo todo. Dirigía un equipo de alto desempeño, pero la rotación era constante. Cuando exploramos juntos su liderazgo, descubrimos su temor a ser visto como incapaz si mostraba dudas o inseguridad.
Decidió implementar pequeños cambios: compartir preocupaciones en sus reuniones, pedir retroalimentación y reconocer cuando no tenía respuestas inmediatas. Al principio, el silencio fue absoluto. Su equipo no estaba acostumbrado a un jefe humano. Pero en pocas semanas, los colaboradores comenzaron a aportar ideas y a proponer soluciones sin temor. Su liderazgo creció en impacto porque se atrevió a mostrarse real.
También trabajé con una mujer líder en tecnología que creía que su valor estaba en ser “inquebrantable”. Cuando aprendió a decir “hoy no tengo la respuesta, pero la busco y volvemos a conversar”, su equipo comenzó a verla como una líder más fuerte. No por su conocimiento técnico, sino por su apertura y autenticidad.

Te invito a reflexionar:
¿Cuántas veces creíste que ser líder era sinónimo de perfección? ¿Qué parte de tu humanidad estás escondiendo para proteger tu imagen?¿Tu equipo te ve como alguien que inspira o como alguien intocable?¿Qué conversaciones estás evitando por miedo a no tener todas las respuestas?¿Cómo impactaría en la confianza de tu equipo si hoy dijeras: “No lo sé, aprendamos juntos”?
El liderazgo real no se construye con un currículum impecable ni con respuestas automáticas. Se construye con la valentía de ser humano, incluso cuando la cultura corporativa insiste en pedirte un personaje.
Hoy, te invito a elegir un nuevo camino:En tu próxima reunión, haz una pausa. Pregunta a tu equipo su opinión antes de decidir. Reconoce si algo te preocupa. Abre un espacio para escuchar. Muestra que no eres perfecto. Eres líder, y eso no significa saberlo todo. Significa sostener a otros desde tu fuerza, pero también desde tu vulnerabilidad.
Porque los grandes líderes no dejan huella por sus certezas, sino por la seguridad que generan en otros para crear, proponer y crecer.
¿Qué harás esta semana para liderar desde tu humanidad?







