Cuando los animales acompañan a sus humanos que están en la UCI, se producen milagros

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En medio del frío clínico de las Unidades de Cuidados Intensivos, donde cada segundo cuenta y cada respiración está monitoreada, a veces ocurre lo impensado: entra una mascota.

No con bata ni credenciales, pero sí con algo mucho más poderoso que cualquier tratamiento invasivo: amor incondicional.

En algunos hospitales de nuestro país , lentamente y no sin resistencias, se ha abierto paso una idea tan revolucionaria como simple: permitir visitas de mascotas a pacientes críticos.

Porque la salud no se mide solo en cifras de oxígeno ni en resultados de laboratorio. A veces, se mide en una cola que se agita, un ronroneo suave, o una lamida que borra el miedo.

No es magia. Es ciencia y humanidad al mismo tiempo. Está comprobado: la presencia de un perro o un gato puede reducir el estrés, bajar la presión arterial, mejorar la oxigenación y, lo más importante, devolver las ganas de vivir.

En palabras simples: donde no llega el bisturí, a veces llega un hocico.

Historias hay muchas. Como la de don Elías, paciente con falla multiorgánica, que no respondía a nada… hasta que su perrita “Luna” fue autorizada a visitarlo. No se necesitó traductor: bastó que la viera para que su saturación subiera y sus ojos se abrieran.

O el caso de Sofía, niña internada por leucemia, que sonrió por primera vez en semanas cuando su gato “Michu” saltó a su cama.Claro, hay protocolos.

Hay medidas sanitarias estrictas. Nadie propone convertir las UCIs en zoológicos. Pero lo que se plantea es más profundo: entender que la salud es también vínculo, afecto, emoción.

En un sistema hospitalario muchas veces saturado, impersonal y automatizado, estas visitas pueden parecer un gesto menor. Pero no lo son.

Son recordatorios potentes de que sanar no es solo curar, sino también conectar.Y aquí, Chile no se queda atrás.

En hospitales como el Félix Bulnes, el Sótero del Río o el Gustavo Fricke, iniciativas pioneras han mostrado que abrir las puertas a las mascotas no es una locura: es una decisión valiente y profundamente humana.

Quizás el mayor error de la medicina moderna ha sido olvidar que somos más que cuerpos: somos seres que necesitan afecto para recuperarse.

Por eso, cuando un médico permite que un perro entre a la UCI, no solo está haciendo una excepción: está abriendo una esperanza.

Porque a veces, en los pasillos del dolor, es una mascota la que nos recuerda que estamos vivos.

Nota Editorial

Esta columna corresponde a una opinión personal del autor/a y no representa necesariamente la postura editorial de ClickNews. Las afirmaciones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de quien las emite, en ejercicio de su libertad de expresión amparada por la Constitución chilena y tratados internacionales sobre derechos humanos.