La creciente crisis climática está teniendo un impacto dramático en los recursos hídricos de Europa, incluyendo a Alemania.
Como informa Katja Raiher en la investigación de DW, «Crisis climática: ¿a quién le pertenece el agua?», la escasez de agua se está convirtiendo en un problema grave, incluso en regiones tradicionalmente abundantes en este recurso.
El artículo de Raiher destaca dos casos emblemáticos que ilustran los conflictos en torno a la propiedad y uso del agua.
En la localidad francesa de Vittel, la empresa Nestlé extrae anualmente un millón de metros cúbicos de agua subterránea para producir agua mineral, lo que ha provocado un descenso de 30 centímetros anuales en los niveles freáticos, poniendo en riesgo el suministro a los 5.000 habitantes.
Una situación similar ocurre en Lüneburg, Alemania, donde el grupo Coca-Cola/Apollinaris Brands extrae 350.000 m³ de agua subterránea al año desde 2014 a través de dos pozos, y ahora planea abrir un tercero.

Esto ha generado el rechazo de la iniciativa ciudadana «Nuestra Agua», que argumenta que el «uso industrial de las preciadas aguas subterráneas profundas durante largos periodos de tiempo para fines insostenibles y a un precio muy bajo es inaceptable».
Los datos aportados por Raiher son contundentes: un informe estatal de 2019 sobre las aguas subterráneas de Baja Sajonia reveló que Lüneburg fue la región más afectada por la pérdida permanente de este recurso, con impactos directos en la vegetación, los cultivos y los caudales superficiales.

La investigación periodística de Katja Raiher evidencia cómo la crisis climática está agravando los conflictos en torno a la propiedad y uso del agua, un bien común cada vez más escaso y necesario.
La presión de las empresas por explotar este recurso se enfrenta a la creciente movilización ciudadana que reclama su protección y un uso más sostenible y equitativo del agua.







