El ciclo político de Chile Vamos llega a su fin tras la arremetida del bloque Republicano, que lidera José Antonio Kast y que ha consolidado su hegemonía en la derecha chilena.
Los resultados de las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2025 marcan un antes y un después en la correlación de fuerzas del sector, con el Partido Republicano, el Partido Nacional Libertario y el Partido Social Cristiano como nuevos protagonistas.
El fin de una era
Chile Vamos, conformado por la UDI, RN y Evópoli, ha sido la principal coalición de la derecha tradicional desde 2015. Sin embargo, los resultados de la primera vuelta presidencial y las elecciones parlamentarias han evidenciado un profundo desgaste.
Evelyn Matthei, su candidata, quedó en quinto lugar, y la bancada de diputados se redujo de 53 a 34, mientras que en el Senado la UDI no logró electos y RN y Evópoli apenas sumaron unos pocos escaños.
El ascenso del bloque Republicano
El bloque Republicano, integrado por el Partido Republicano, el Partido Nacional Libertario y el Partido Social Cristiano, obtuvo 42 diputados y siete senadores, consolidándose como la primera fuerza de la derecha y la segunda en el Congreso.
José Antonio Kast, su líder, pasó a segunda vuelta presidencial con una diferencia mínima respecto a la candidata oficialista, lo que le da una posición de privilegio para negociar y liderar el sector.
Reflexiones y llamados internos
Dirigentes de Chile Vamos reconocen el fracaso electoral y la necesidad de replantear el rumbo. El exministro Sebastián Sichel y el presidente de RN, Nicolás Monckeberg, han señalado que el ciclo de la coalición ha terminado y que es momento de reflexionar sobre el futuro de la derecha chilena.
Ambos han llamado a la unidad y a la modernización, proponiendo acuerdos en seguridad, empleo y crecimiento, pero también advierten sobre la necesidad de evitar culpar a figuras individuales y asumir responsabilidades colectivas.
El nuevo mapa político
El nuevo escenario político muestra una derecha fragmentada, con el bloque Republicano como fuerza dominante y Chile Vamos en una profunda crisis de identidad y representación. La izquierda oficialista también ha sufrido pérdidas, pero el gran ganador ha sido el sector republicano, que ha logrado captar el descontento de la ciudadanía y redefinir la agenda política.







