Celulares en clases: no es prohibir, es educar y regular

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El debate sobre el uso de celulares en las aulas ya no es una cuestión de preferencias pedagógicas, sino una necesidad urgente respaldada por evidencia científica.

Las escuelas no pueden seguir ignorando el impacto que tiene la presencia constante de pantallas en el aula. No se trata de una cruzada contra la tecnología, sino de un llamado a regular, con inteligencia y con foco en el bienestar de los estudiantes.

Un informe de la UNESCO de 2023, titulado «Tecnología en la educación: una herramienta en los términos de la humanidad», advierte que el uso excesivo de dispositivos móviles en contextos escolares puede distraer, reducir el rendimiento académico, y tener efectos negativos en la salud mental.

El organismo insta a los gobiernos a establecer políticas claras sobre el uso de smartphones, destacando que “su uso debe estar al servicio del aprendizaje, no en su contra”.

Uno de los ejemplos más contundentes viene de Dinamarca, donde escuelas que implementaron políticas estrictas sobre el uso de celulares registraron resultados impactantes: se redujeron los diagnósticos de ansiedad y depresión, disminuyó el bullying digital y mejoraron los resultados académicos.

La investigación fue liderada por el Instituto Nacional Danés de Salud Pública y publicada en colaboración con la Universidad de Aarhus.

Según los datos, limitar el uso de teléfonos durante el horario escolar “contribuye directamente al bienestar emocional y social de los estudiantes”.

En Francia, desde 2018, rige una ley que prohíbe los celulares en primaria y secundaria, excepto en contextos de aprendizaje autorizados.

A nivel nacional, la medida fue valorada por docentes y familias como un paso necesario para recuperar la concentración en clase y reducir las distracciones.

Estudios de seguimiento han mostrado que la convivencia escolar mejoró, y que los profesores reportaron mayor atención y menos conflictos.

Pero regular no significa prohibir sin más.

La clave está en una regulación con sentido pedagógico, basada en tres pilares:

1. Educación digital responsable: enseñar a los estudiantes cómo, cuándo y para qué usar un dispositivo. No basta con decir “no”, hay que formar en criterios éticos, de autocuidado, de pensamiento crítico y de uso consciente.

2. Corresponsabilidad de las familias: los límites deben empezar en casa. Los estudios muestran que los adolescentes que tienen horarios y normas claras de uso de pantallas en el hogar muestran menos adicción digital y mejor rendimiento escolar.

3. Uso pedagógico bien planificado: los celulares pueden ser herramientas útiles si están integrados en proyectos de aprendizaje.

Hay experiencias exitosas donde los estudiantes usan sus smartphones para investigar, grabar videos educativos, trabajar colaborativamente o aprender lenguas extranjeras.

Lo importante es que su uso esté mediado por una estrategia didáctica clara, no por la improvisación.

Un estudio adicional del London School of Economics (2015), realizado en escuelas del Reino Unido, encontró que la prohibición del uso de celulares en el aula se correlacionó con una mejora del rendimiento académico equivalente a cinco días más de clases al año, especialmente en los estudiantes con menores resultados previos.⸻Regular no es censurar.

Es proteger, orientar, educar. La tecnología debe estar al servicio del aprendizaje y del bienestar de los estudiantes, no al revés.

La evidencia está sobre la mesa. Ahora falta voluntad política y coraje pedagógico para actuar.

Nota Editorial

Esta columna corresponde a una opinión personal del autor/a y no representa necesariamente la postura editorial de ClickNews. Las afirmaciones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva de quien las emite, en ejercicio de su libertad de expresión amparada por la Constitución chilena y tratados internacionales sobre derechos humanos.