Belém, Brasil – La Transición Energética Justa se consolidó como el tema dominante en la COP30. Esta iniciativa busca elaborar planes concretos para dejar atrás el gas, el petróleo y el carbón, principales responsables de la crisis climática, y es fundamental para cumplir con el objetivo del Acuerdo de París de 2015 de limitar el calentamiento global a 1.5 °C.
La solicitud por una hoja de ruta busca retomar el compromiso alcanzado en la COP28 en Dubái de «transicionar lejos de los combustibles fósiles».La propuesta de desarrollar esta «hoja de ruta» fue presentada por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, al inicio de la COP30, posicionándola como una prioridad de su equipo negociador.
La meta es culminar la COP con un mandato acordado por los países para empezar la elaboración de dicho plan. Hasta ahora, la idea ha sido respaldada por al menos 82 naciones, incluyendo a Colombia, el Reino Unido, Dinamarca, Alemania, Suecia y Kenia.
Pese a no estar en la agenda oficial, Brasil podría incluirla en una «decisión de cobertura», aunque esto requiere consenso.Los países que respaldan la iniciativa están pidiendo que la hoja de ruta contenga «compromisos y tiempos concretos» para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles.
El secretario de Energía del Reino Unido, Ed Miliband, enfatizó que este asunto no puede «barrerse debajo de la alfombra» y debe estar «en el corazón de esta COP». Por su parte, la ministra de Ambiente de Colombia, Irene Vélez Torres, afirmó que la discusión debe comenzar «ya».
El borrador de decisión final (llamado *Global Mutirão*) presentado por la presidencia de Brasil incluye la opción de convocar una «mesa redonda ministerial de alto nivel» para apoyar a los países en el desarrollo de sus planes de transición, incluyendo la superación progresiva de su dependencia de los combustibles fósiles.
El avance de esta propuesta se ve dificultado por la resistencia de países árabes productores de petróleo y la complejidad política del tema.
Históricamente, la discusión sobre qué hacer con los combustibles fósiles ha sido tensa. Organizaciones de la sociedad civil han señalado la fuerte presencia de lobistas petroleros, con más de 1,600 acreditados en Belém, una cifra que supera la de casi todas las delegaciones nacionales, lo que «empantana la posibilidad de acción concreta».
Adicionalmente, el país anfitrión, Brasil, enfrenta críticas por su «ambivalencia». Aunque Lula da Silva aboga por la transición, el gobierno concedió una nueva licencia de explotación petrolera a su compañía estatal Petrobras en la Amazonía apenas tres semanas antes de la COP30.
Esta contradicción generó protestas por parte de pueblos indígenas y defensores de la tierra, quienes intentaron ingresar a la zona de reuniones gritando consignas contra el gobierno brasileño.
En un esfuerzo paralelo por impulsar alternativas, Brasil lanzó el “Compromiso de Belém por los Combustibles Sostenibles” (Belém 4x) durante la Pre-COP.
Esta iniciativa, basada en un informe inédito de la Agencia Internacional de Energía (AIE), busca apoyo político global para cuadruplicar la producción y uso de combustibles sostenibles hasta 2035.
Los combustibles sostenibles incluyen el hidrógeno y sus derivados, biogases, biocombustibles y combustibles sintéticos, destinados a sustituir los fósiles y contribuir a la descarbonización.
Países como Japón, Italia e India ya han demostrado su apoyo al *Belém 4x*.A pesar de los avances en energías limpias, las fuentes indican que se necesita un esfuerzo mucho mayor.
Un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), también presentado en la Pre-COP, mostró que, aunque el mundo alcanzó 582 GW de capacidad renovable en 2024, se requiere un esfuerzo adicional de 1,122 GW anuales para cumplir la meta de 2030.
Además, la eficiencia energética mejoró solo un 1% en 2024, muy por debajo del 4% anual necesario. Las economías del G20, de las cuales Brasil forma parte, deben liderar esta transición, representando más del 80% de las energías renovables del mundo hasta 2030.
La transición energética, tal como se plantea desde Latinoamérica, no es meramente técnica, sino un proceso de transformación política que debe incluir una perspectiva de derechos humanos y justicia social.
El objetivo es asegurar que este cambio sea justo e inclusivo, promoviendo la inversión en infraestructura local, educación, y nuevas industrias en las comunidades históricamente dependientes de los combustibles fósiles.
Este esfuerzo requiere integrar metas de energías renovables en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y aumentar la inversión anual en renovables a por lo menos 1.4 billones de dólares entre 2025 y 2030.
La tensión entre la ambición climática y la inercia de los combustibles fósiles en la COP30 se asemeja a una cuerda floja sobre un abismo: una orilla representa la hoja de ruta urgente que pide la mayoría para el salto seguro a un futuro sostenible; la otra, la presión constante de los intereses arraigados que buscan prolongar el uso de la cuerda, aun a riesgo de caer. El camino de la transición justa implica no solo cambiar la energía que usamos, sino asegurar que nadie sea empujado al vacío en el proceso.







